“Granada es parte de mi piel”: Estrella Morente y el eco eterno de una ciudad

«Granada es parte de mi piel, de mis ojos, de mi pelo, de mi cante, de mi comida, de mis hijos, de mis padres… Siempre volveré a Granada.»
— Estrella Morente

Hay muchas maneras de hablar de Granada. Se pueden describir sus palacios y su luz de montaña, sus empinadas calles empedradas, sus huertos perfumados de azahar, o el suave rumor del flamenco que parece elevarse al atardecer desde patios ocultos. Pero quizá la forma más auténtica de comprender Granada sea a través de las voces de sus artistas, aquellos que han dado forma al sonido y al alma de la ciudad durante generaciones.

Entre estos artistas, Estrella Morente se alza como una cumbre luminosa en Sierra Nevada: inconfundiblemente arraigada y, al mismo tiempo, elevándose mucho más allá de su lugar de origen. La mujer que encabeza el boletín de hoy no es simplemente una cantaora flamenca; es uno de los iconos culturales vivos de Granada, portadora de siglos de historia y emoción que siguen moldeando la identidad de la ciudad.

Para quienes exploramos Granada a pie o en bicicleta, su voz es un recordatorio de que los paisajes no están hechos solo de piedra y tierra, sino también de memoria, música y personas.

Una infancia nacida del duende

Nacida en 1980 en el seno de una de las dinastías flamencas más célebres de España, Estrella no solo creció rodeada de arte: vivió dentro de él. Su padre, el legendario cantaor Enrique Morente, fue conocido por su estilo flamenco innovador, que fusionaba el cante jondo tradicional con poesía, rock y experimentación. Su madre, Aurora Carbonell, es una destacada bailaora flamenca cuyo lenguaje corporal y capacidad narrativa influyeron profundamente en la sensibilidad escénica de Estrella.

Para muchas familias, el flamenco es una profesión. Para los Morente, es un linaje, una atmósfera, una manera de estar en el mundo. Como suele recordar Estrella, para ella cantar era tan natural como respirar. El cante no le llegó como una técnica que hubiera que dominar, sino como una emoción que debía heredarse.

Al recorrer hoy Granada —pasando por las cuevas encaladas del Sacromonte, donde el flamenco floreció entre las comunidades gitanas, o por el laberinto de estrechas callejuelas del Albaicín— resulta fácil imaginar el entorno que la formó. Niños tocando acordes de guitarra en la plaza, madres tarareando viejas coplas mientras preparan el almuerzo, ancianos marcando el compás con sus bastones sobre el suelo… Granada es un lugar donde la música no es un espectáculo, sino un lenguaje compartido.

La voz que lleva una ciudad dentro

La voz de Estrella suele describirse como cálida: profunda, rica, llena de tonos terrosos. Pero lo que realmente la distingue es su profundidad emocional. Canta con duende, esa palabra española intraducible que alude a la luminosidad oscura del alma en el flamenco, aquello que convierte una actuación en una confesión.

Su proyección internacional llegó pronto. Con poco más de veinte años ya giraba por todo el mundo y publicaba discos que recibían el reconocimiento de la crítica y numerosos premios nacionales. Sin embargo, a medida que crecía su fama, nunca se desligó de las raíces de su arte. Cuando canta, se escucha Granada: los lamentos de su historia, la alegría de sus fiestas, el eco de canciones centenarias que trepan por las colinas de la ciudad como la hiedra.

Quizá uno de los ejemplos más conocidos de su alcance global llegó en 2006, cuando el director Pedro Almodóvar la eligió para interpretar el tema principal de Volver, la película homónima que cosechó numerosos premios. En la pantalla vemos cantar a Penélope Cruz, pero el alma de la voz pertenece a Estrella. Su interpretación de Volver es a la vez delicada y devastadora, cargada de la melancolía del regreso a los orígenes, un tema que resuena profundamente con los ciclos eternos de ida y vuelta de Granada.

Más recientemente, una nueva generación de oyentes descubrió a Estrella gracias a su colaboración con la superestrella mundial Rosalía, quien la invitó a participar en el tema La Rumba del Perdón de su aclamado álbum Luz. Es un encuentro de épocas: la maestría del flamenco tradicional fundiéndose con la experimentación contemporánea. Y, una vez más, la voz de Estrella destaca como una campana antigua resonando en una catedral moderna.

Granada: una ciudad grabada en su ser

¿Qué tiene Granada que inspira una devoción tan profunda? Para Estrella, la ciudad no es solo un lugar de nacimiento, sino una presencia viva que habita en su interior, un pulso que la acompaña allí donde va.

Su frase —«Granada es parte de mi piel, de mis ojos, de mi pelo…»— captura algo esencial de esta tierra: Granada no es un lugar que simplemente se visita. Te marca. Permanece. Y tanto si te marchas un mes como una década, algo en tu interior te empuja a volver.

Como viajeros, senderistas o ciclistas, nosotros también sentimos esa llamada.

Granada es una ciudad de contrastes. La monumental Alhambra se alza serena sobre un centro urbano lleno de cafés animados y bares de tapas. La Sierra Nevada, coronada de nieve, se perfila a lo lejos como un guardián blanco, mientras que la cálida costa mediterránea se encuentra a solo una hora. El Albaicín se dora al atardecer y el Sacromonte titila con la luz de las zambras nocturnas.

Cada rincón guarda una historia, cada vista tiene su propia banda sonora. Al bajar por la Cuesta de los Chinos o pedalear por la Vega, se siente la misma mezcla de nostalgia y orgullo que Estrella entreteje en su música. Se comprende, de repente, por qué los artistas hablan de Granada con tanta añoranza y por qué regresar siempre se siente como volver a casa, incluso si es la primera vez.

El tejido cultural que une música y paisaje

Uno de los mayores placeres de llevar Bike and Hike Granada es ver cómo muchos visitantes llegan atraídos inicialmente por los paisajes —senderos de montaña, rutas rurales, miradores sobre la ciudad— y se marchan cautivados por algo más profundo. No es solo el entorno lo que hace inolvidable a Granada, sino la atmósfera creada por artistas como Estrella Morente.

Aquí el flamenco no solo se interpreta: brota de la propia tierra. Las cuevas del Sacromonte fueron hogar de comunidades cuyos cantos resonaban por los valles. Las estrechas calles del Albaicín han acogido guitarristas, poetas y bailaores durante siglos. Incluso los huertos del Generalife estuvieron llenos en su día de música compuesta para la corte nazarí.

Al recorrer en bicicleta el campo al este de la ciudad, se atraviesan pequeños pueblos donde el apellido Morente se pronuncia con admiración y cariño. Al subir caminando hasta San Miguel Alto, no es raro escuchar a lo lejos a alguien ensayando una soleá o una bulería. Y si se tiene la suerte de ver a Estrella en directo —ya sea en un concierto íntimo en un patio o en el Festival Internacional de Música y Danza de Granada— se percibe hasta qué punto la geografía y la música de la ciudad están íntimamente entrelazadas.

Esta es una ciudad donde el arte no está separado de la vida cotidiana; está trenzado en ella.

Una nueva generación de oyentes y viajeros

En los últimos años, Granada ha vivido un auge del turismo cultural, especialmente entre viajeros jóvenes que se acercan a la ciudad con curiosidad y ganas de vivir experiencias auténticas. Muchos descubren el flamenco a través de artistas como Rosalía. Cuando saben que Estrella Morente —cuya voz aparece en un álbum que lidera las listas internacionales— es granadina, comienzan a explorar las capas más profundas de la tradición.

En Bike and Hike Granada solemos conocer a visitantes que nos cuentan que han diseñado parte de su viaje en torno a la música: buscando peñas flamencas, asistiendo a espectáculos nocturnos en el Sacromonte o incluso reservando clases locales de baile o cajón.

Lo que más nos gusta es ver cómo conectan la música con los paisajes que recorren durante sus rutas a pie o en bicicleta. Nos hablan de cómo un determinado camino les recordó a una canción, o de cómo la voz de Estrella los acompañó mientras ascendían hacia la Sierra.

Viajar siempre es más intenso cuando el lugar te canta.

Siempre volver, siempre renovarse

Al igual que Estrella Morente, Granada encierra un espíritu de retorno. Es una ciudad que se te va metiendo dentro hasta que dejas de sentirte visitante. Tal vez sea la luz reflejada en el río Darro, o el olor del Albaicín después de la lluvia, o la sensación de intemporalidad al contemplar los muros rojizos de la Alhambra. O quizá sea el eco del flamenco, que surge desde algún lugar fuera de la vista, llamándote de nuevo.

Para Estrella, esa llamada es eterna. Vaya donde vaya su carrera —a estudios de Madrid, giras mundiales o colaboraciones con iconos del pop contemporáneo— sigue siendo profundamente granadina. Y al celebrarla a ella, celebramos también la ciudad que la formó, la misma que inspira a todos los que caminan, pedalean o cantan por sus calles.

Granada es parte de su piel.
Y una vez que has estado aquí, pasa a ser parte de la tuya también.